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sábado, 15 de septiembre de 2012

Triumph des Willens - Triunfo de la Voluntad






Una triada de ideales civilizatorios, cada uno con intenciones hegemónicas y mundialistas, compartió terreno en 1934, ellos se elevaron y dieron disposición al marco referencial que a la geopolítica da cuenta en el quehacer histórico contemporáneo de nuestra especie. El expansionismo que huele añejo ejercicio político ortodoxo, el Capitalismo, instituido en el Liberalismo y el Racioempirismo, es el proyecto de civilización anglosajonista; su antagónico, el Comunismo de la recién creada Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), un totalitarismo fundamentalista dirigido por la mano de hierro de un psicópata alcohólico, Stalin; y, el antípoda para ambos proyectos citados, el emergente Nacionalsocialismo suscitado por el partido que peyorativamente sería llamado por sus detractores “Partido NAZI”,  centralizado en la figura de uno de los hombres más enigmáticos que han existido, Adolf Hitler. 

Estos tres proyectos de civilización se lanzaron a la más brutal guerra de la cual se tiene registro; se eliminó a uno de ellos, al Nacionalsocialismo (los neonazis actuales serían el “hazme reir” de Hitler) y de inmediato se prosiguió con la beligerancia de dore naturaleza entre los restantes, el decano terror psicológico que abrió por vez primera las puertas para una holista catástrofe… la Guerra Fría.  

El Nacional Socialismo fue cruel y atroz con sus campos de concentración y su autoritarismo; el Comunismo fue sanguinario y tirano, él tuvo a su Siberia y a todas sus repúblicas como centros de control político despótico; ambos son inhumanos, pero el beligerante Capitalismo (único triunfante) es la idiotez sociopolítica, la bestia desalmada que se traga a sí misma. El Capitalismo se levanta victorioso y severo por encima de sus adversarios una vez que los ha derrotado y sus elementos constructivos, los hombres, no actúan de distinta forma, ellos practican el Harakiri tragando el veneno de la severidad al igual que su sistema, pero en este suicidio el honor no importa. El hombre capitalista es un uróboro. El hombre capitalista olvidó que sólo tiene derecho a mirar a su semejante hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse. Y ese olvido, amigo lector, no lo relegó el Nacionalsocialismo para con su propio pueblo antes de estar en los postrimerías de la derrota a partir de la cuarta década del XX. 

Martin Heidegger entendió al nazismo como el producto colateral de un sistema de feroz competencia capitalista que ha hecho del Espíritu una justificación terciaria de la existencia; la Razón como producto ideológico Capitalista elimina toda lógica disuasiva hacia el valor económico de la existencia y de toda otra lógica que no marche a la par con las utopías de acrecentación imparable de la ganancia como única sensatez del ser consiente. Desde la mirada de Heidegger, el nazismo fue el antónimo espiritual del capitalismo.  

Hitler es el político más discutido de toda la historia. Su figura ha sido investigada desde diversas aristas; hay psicoanalistas que dan fe a la condición de monorquidia del Führer como causal de los horrores que él protagonizó; para la psicología evolutiva es un caso exclusivo en el cual confluyeron una serie de eventos empíricos extraordinarios y un suculento escenario sociopolítico e historiográfico como caldo de cultivo adecuado para su poliédrico carácter y su complejo comportamiento; desde el reduccionismo fatalista, si el Führer no hubiese sido Adolf Hitler, hubiese sido cualquier otro pues todo preveía la necesidad de un hombre con sus características. El pasmoso y severo fundador del conductismo, Broadus Watson, ingenuamente sostuvo un principio sencillamente roto por la paradigmática existencia de Hitler (dado que él no se hace en situaciones sistemáticamente controladas): Denme una docena de niños sanos y bien formados para que los eduque, y yo me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo que yo pueda escoger: médico, abogado, artista, hombre de negocios e incluso mendigo o ladrón; lo haré prescindiendo de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados

Cuando Watson diría esa coqueta máxima apenas pasaría de los 30 años de edad, 10 años después, producto del horror que vivió con sus hijos, tuvo que tragarse sus propias palabras, y 20 años más tarde renunciar a los términos absolutos de su teoría, los cuales fueron refutados por el Conductista Radical, B. F. Skinner.

En Hitler encontramos un artista, un soñador idealista, un amante de Wagner, un pordiosero, un abstemio, un deficientemente soldado de trinchera, un admirador de Roma, un ocultista, un rapsoda y apasionado declamador, un amante de los animales, pero también a un hábil y mendaz político, al vehemente fascista fanático, al depravado sexual y al monstruo que llevó a Alemania al colapso; Hitler es un ser asombroso en el cual confluyen los errores todos los demás seres. Por ello nos resulta admirable. 

Triumph des Willens, es un film propagandístico hecho en 1934 en el que se retrata el desarrollo del congreso nazi celebrado en la ciudad de Núremberg por el Partido Nacionalsocialista en el año citado. La filmación corrió a cargo de la hermosa Helene Amalie, identificada en el medio artístico como Leni Riefenstahl. Ella, una desconocida antes de 1934, rememoró los objetivos de Hitler del por qué la seleccionó para ejercer de director a pesar de no contar con la preparación técnica ni profesional para empresa de semejante envergadura: Ante mi negativa de dirigir el filme por no no hallarme mínimamente  relacionada con el partido y la política, él (Hitler) justificó: cualquiera que conozca todo acerca de la importancia relativa de las personas y grupos, de la movilización de masas, hará una grabación que será pedante y precisa, características de todo trabajo que hace un profesional en su ramo. Quiero que se muestre al Congreso desde un ojo libre y no experto, desde un ojo que seleccione sólo lo que le sea artísticamente satisfactorio. Preciso es generar una imperiosa excitación en la audiencia que no se interesa por la política.  



 Formato: FLV
Duración: 105 Minutos
Calidad de Imagen: Alta
Audio: Alemán
Subtítulos: Español
Reproductor Recomendado: VLC media player


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PART 1- 2    &    PART 2-2




Acuarela Realizada por Adolf Hitler




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