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jueves, 16 de octubre de 2014

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Factory Records, La Cuna Post Punk: The Factory Box Set (Communications 1978-92) & A Factory Sample

EXCLUSIVE FOR ERGÔ FELIX CULPA

Tony Wilson, Martin Hannett y Rob Gretton son los nombres, para muchos anónimos, que hay detrás del Post Punk manchesteriano, son sus creadores. Regularmente los reconocimientos le son otorgados a los que exponen su cara usando un instrumento o vocalizando, y poco, algunas veces nada, reciben los cabezales a los cuales un afamado grupo les debe el sonido.

Cuando Joy Division llegó al estudio profesional de ensayo era una banda más de Punk Rock, poco tenía que ver con el toque característico por el cual se le conoce hoy. James Martin Hannett, un aficionado al noise, a grabar el “ruido del silencio” (como él le llamaba al viento de los prados), aficionado a la mariguana y retirado del LSD (había sido hippie) dio las instrucciones de grabación, las cuales no eran menos peculiares que el personaje mismo: quiero un sonido más amarillo, quiero una voz gris y rosa, quiero una guitarra de humo… grabó las percusiones al aire libre para “sentir el olor de la ciudad y percibir el armazón de concreto”. Esas fueron las maneras en que se comunicó con Joy Division, así lograron ese sonido espectral y futurista que apreciamos desde el intro de batería, el cabalgue del bajo, el matiz de un sintetizador… el primer tema de Unknown Pleasures; Disorder.






Nadie había logrado un sonido así antes, no existían los medios de digitalización con los que hoy ya cuenta cualquiera desde su ordenador y una potente interfase de sonido digital. Era, 1978-79.

Por su parte, Tony Wilson era un idealista. Miembro del medio del espectáculo y un melómano empecinado, un progresista en el sentido amplio del término, un hombre que creía en la autogestión, en el trabajo que se hace por hombres y no por marcas, en hombre que creía en el marxismo y como muchos otros seres de izquierda política creía estar en la tierra para cumplir un fin romántico y trascendente que se glorificara por el trabajo original y arduo. Así, en medio del reino de los grandes sellos discográficos que lo absorbían todo, que compraban la rebeldía para explotarla y despedazarla hasta hacerla caer en lo ridículo y desprestigiar esa indispensable actitud humana, ahí, rodeado de tanta competencia desleal, Tony hizo un trabajo casi quijotesco: sembró la música independiente, la revalorizó, dio libertad creativa, creyó en él y en quiénes con él trabajaban. A su vez, tenía una iconoclasta forma de entender la publicidad, creó leyendas que aún permanecen, que ahora son entendidas como el cenit de la creación musical.

Rob Gretton era un don nadie. Pero hasta el más incompetente perezoso suele tener alguna habilidad personal. Para el caso de Rob, se trataba de una persona arriesgada, carismática, oportunista y extremadamente segura de sí misma, sufría una especie de verborrea y tenía una capacidad de convencimiento difícil de encontrar en un joven. Fueron estas características en su conjunto las que le hicieron adueñarse del trabajo de representación de talentosas bandas de la zona manchesteriana, impulsaba a muchos a presentarse al público aún sin la preparación suficiente. Las memorias que de Rob existen (no escritas por él) dan cuenta de las innumerables caídas y errores que cometió, caídas que no le afectaron demasiado dado su alto sentido práctico y su capacidad para adaptarse a circunstancias donde las probabilidades y hechos jugaban en su contra. Era un hombre con mucha voluntad. Fue él el que dio la cara ante contratos cada vez que representó a grupos emergentes y sin experiencia, los grupos tímidos eran su especialidad. Esa capacidad para enfrentar situaciones bochornosas sin ruborizarse y sentido intrépido fue muy útil para la Factory Records, uno de los sellos más legendarios de la música moderna.


Cuando Sex Pistols se presentaron en Manchester con su característico estilo desgarbado, violento y narcisista, dieron -como era su costumbre- un buen espectáculo, pero un sonido horrible. Al terminar la presentación, Lydon lanzó una suerte de reto o invitación (depende de cómo se le interprete), dijo: Nosotros somos Sex Pistols, y si creen que pueden hacerlo mejor, háganlo.

La década de los 70s presentó la apertura de espacios en diversos medios relacionados con la cultura. Contrario a la narrativa del Vox Populi que atribuye un alto adeudo al punk como mecanismo por el cual los espacios fueron abiertos, éste no vino a abrir nada que no se encontrara dentro de las inercias que el rock venía presentando desde antes de Ramones y Sex Pistols. La industria musical buscaba propuestas frescas para las nuevas generaciones que buscaban un mensaje adecuado a las vicisitudes del momento. El rock progresivo y sus contemporáneos estaban afiliados a los treintañeros y poco se identificaban esos músicos profesionales con la vida y actividades diarias que transcurrían entre las personas que rondaban los 15-25 años. Esas juventudes encontraban a sus imágenes iconográficas no en Bob Dylan, Floyd o Rolling Stones; sino en Iggy Pop, Lou Reed, Marc Bolan y David Bowie, que eran más semejantes a ellos, más cercanos.

Las formas en que se tradujo la apertura de espacios fueron tanto por medios tradicionales (la absorción de “los nuevos talentos” a casas discográficas internacionales: Sex Pistols, The Ramones, Damned, etc. pertenecen a esta forma primaria), como por mecanismos más iconoclastas que no fueron otra cosa más que la fundación de sellos denominados independientes (haciendo referencia a: independientes de la industria musical que manejaba el medio) que se dieron al por mayor tanto en los Estados Unidos (principalmente en la Costa Este norteamericana) como en Europa (especialmente en Alemania e Inglaterra).

Entre estos sellos que marcaron un nuevo paradigma y generaron nuevos estilos musicales se ubica The Factory Records.




El primer material que publico Factory Records lleva por nombre “A Factory Sample” (puedes acceder a él desde este enlace) y se trata de un 7” doble donde están Durutti Column, Joy Division, John Dowie y Cabaret Voltaire. El material es un lanzamiento conceptual (aspecto que ya había explorado otro sello independiente fantástico, Industrial Records. Puedes descargar un compilado que extrae algunos de esas creaciones en este enlace) que se ubica dentro de los movimientos artísticos de vanguardia y que se alimenta por el dadaísmo y el situacionismo. El primer perfil del primer disco lleva por nombre “Aside”, el segundo “Beside”, el tercero “Seaside”, y, el último “Decide”, las bandas que componen cada lado se encuentran en correspondencia con el intitulado de éste.


Estas ideas, tan originales en su momento, corrieron por parte de los tres fundadores de Factory Records, así como de un principiante en el diseño gráfico que básicamente aprendió su estilo en la empírea, Peter Saville, al cual se le deben como por el azar las portadas de Joy Division, y las frontales de otras bandas que estuvieron el cenit de The Factory Records.

La disquera ubicó a Manchester, la ciudad cuna de la primera Revolución Industrial, una cárcel de concreto horrible, en el centro de la creatividad durante 1978-1985 desplazando temporalmente a Londres, la capital hasta entonces del rock británico. Todo el Post Punk transcurrió y casi se dio en esa ciudad, en fábricas abandonadas, zonas de hacinamiento departamental, un lugar frío, solitario, una zona muy adecuada para el afterpunk, el punk muerto.

En su sentido original, The Factory Records ha desaparecido ya. Los derechos de autor fueron comprados en los 90s, sus fundadores han muerto, las bandas que pertenecieron a ella se han separado. Hoy es un sello tan nostálgico como lo fue la música que en él se grabó, son la ilusión de esos jóvenes idealistas que quisieron dejar huella y de los cuales hoy escribí.  
     
Citando, dada la proximidad de la segunda visita de Peter Hook a México, vale la pena recordar que él, un referente directo de esos hambrientos y creativos años donde jóvenes sin mucho futuro dieron lo mejor de sí, nos dice:

El problema de la música actual no es la falta de músicos talentosos. Los sigue habiendo.  Lo que no hay son personas como Tony Wilson, Martin Hannett o Rob Gretton, personas que el dinero les importaba menos que la contribución que a la música pudieran hacer. Hoy, como antes del Punk, todos buscan el dinero… y, siendo honesto, yo me incluyo. Hoy me importa más el dinero que hace 30 años.

En los años noventa se han publicado diversas compilaciones a nombre de The Factory Records, inclusive se han  filmado una medianamente interesante película que aborda esos años (24 Hour Party People), se han hecho documentales donde se describe el papel de Manchester en la música moderna (Synth Britannia, y otro par más -que he olvidado su nombre- donde se aborda el caso particular de Joy Division). No hace mucho se realizó una exquisita película biográfica a Ian Curtis (Control), y el número de bandas que hoy han imitado la formula manchesteriana se cuenta por cientos (Motorama es la más comercial de estos grupos del mal llamado Revival).


Dentro de los compilados que se han lanzado destaca uno que aborda los años dorados de Factory Records. Éste lleva por título: The Factory Box Set (Communications 1978-92). Se trata de 4 discos que posee -sin hacer publicidad- lo mejor que se grabó durante 4 años. Es un disco entrañable, es un disco que puedes descargar desde este enlace.


A su vez, también recomiendo el cuarteto Palatine (lo puedes descargar desde este enlace), el cual va de 1979-1990. También un buen disco, aunque en lo personal el The Factory Box Sex me parece mucho mejor, más ebrio de obscuridad, es un sonido claustrofóbico así como claustrofóbica era la ciudad donde se reinventó la música moderna para nunca más volver a ser igual.


 
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